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Palabras de la hija de Luis Fernando Ramírez, el llanero con corazón antioqueño

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En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, existía un hidalgo caballero que se dedicaba al epicuerísmo y a llevar una vida de sibarita. Ese es el legado que nos deja mi padre y así he decidido recordarlo. Sin embargo, en honor a su ser lleno de complejidades no podría quedarme solo con eso, Los dos sabíamos que la vida nos puso juntos para llenarnos de aprendizajes, de caídas y levantadas, de acuerdos y desacuerdos, pero todo desde el amor más profundo que pudimos experimentar. Hoy agradezco que dentro de la sabiduría que le dió la vida, haya entendido que el amor es de las cosas que más hacen falta en este mundo desbaratado, y basado en eso, dedicarse a dar todo lo que tenía y en las infinitas formas de hacerlo.

El me brindó ese amor de las maneras más hermosas, mi niñez estuvo llena de idas a la biblioteca a leer libros sobre la civilización egipcia, de tardes viendo el conciertazo e historias de ultratumba, de risas por el mal maquillaje de los fantasmas de la serie, de recochitas, de salchichón con limón y papitas, de desastrosos peinados para ir al colegio, de las historias más increíbles que pudiéramos imaginar, de listas mentales de regalos que no podíamos comprar, en fin, una cantidad de actos que años después cobraron más valor al darme cuenta de la difícil situación por la que él estaba pasando.

Esa es otra de las grandes cosas que nos quedan en su memoria, su perseverancia tan gigante, y no se esperaría menos de esa mente llena de ideas, no importaba qué tan complejo fuera el momento, siempre tenía una nueva idea para empezar de cero y sé que era feliz contándonos cada proyecto, yo en serio era feliz escuchándolo en su ilusión, finalmente eso no es más que otra forma de amor, de amor por la vida.

Hasta siempre padre, mis palabras hacia ti, han sido y serán por toda la vida de agradecimiento. Nos faltó hacer nuestro tratado filosófico sobre lo emocionalmente fascinante, otra bella forma de llamar a la manera en que te sacaba rabias. Prometo en tu honor no perder un minuto de mi vida para ser feliz. Te adoro desde mi corazón, sin ambivalencias.

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